Los peligros imaginarios son los más hondos, y los enemigos imaginarios son los más sanguinarios.
Los peligros imaginarios son los más hondos, y los enemigos imaginarios son los más sanguinarios.
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Los celos no son, pues, más que un miedo, y el hombre celoso es un cobarde.
Qué poco hace falta para ser feliz, y cien veces menos para sufrir eternamente.