El hombre razonable se adapta al mundo; el irrazonable se empeña en intentar adaptar el mundo a sí mismo. Por eso todo progreso depende del hombre irrazonable.
El hombre razonable se adapta al mundo; el irrazonable se empeña en intentar adaptar el mundo a sí mismo. Por eso todo progreso depende del hombre irrazonable.
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Nunca resistas la tentación: examínalo todo, quédate con lo bueno.
No hagas a los demás lo que querrías que te hicieran a ti. Puede que sus gustos no sean los mismos.
Si no puedes deshacerte del esqueleto familiar en el armario, al menos hazlo bailar.