Avanza donde nadie pueda detenerte; retírate donde nadie pueda alcanzarte.
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No confíes en que el enemigo no vendrá, sino en tu propia preparación para recibirlo.
En todo combate, el método directo sirve para entablar la batalla, pero se necesitan métodos indirectos para asegurar la victoria.
Un buen ejército se hace primero invencible y luego espera el momento en que el enemigo pueda ser derrotado.
Asegurarnos contra la derrota está en nuestras manos, pero la ocasión de derrotar al enemigo nos la da el propio enemigo.
Muchos cálculos llevan a la victoria y pocos cálculos a la derrota: ¡cuánto más ningún cálculo en absoluto!
No repitas la táctica que te dio una victoria, sino que tus métodos se ajusten a la infinita variedad de las circunstancias.
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