En verdad, es terrible siquiera pensar que ni nuestros odios ni nuestros amores dependen de nuestra libre voluntad.
En verdad, es terrible siquiera pensar que ni nuestros odios ni nuestros amores dependen de nuestra libre voluntad.
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Qué poco hace falta para ser feliz, y cien veces menos para sufrir eternamente.
El amor hace más desdichados que dichosos, y más miseria que alegría.