¿No es un placer aprender y, a su debido tiempo, practicar lo aprendido?
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Los antiguos no hablaban a la ligera, porque se avergonzaban de que sus actos no estuvieran a la altura de sus palabras.
Si soy recto, la gente actuará sin que se le ordene. Si no lo soy, no obedecerá ni aunque dé órdenes.
Antes, con los hombres, escuchaba sus palabras y confiaba en su conducta. Ahora escucho sus palabras y observo su conducta.
Cuando camino con otros dos, ambos pueden ser mis maestros. Escojo sus cualidades buenas para seguirlas, y sus defectos me sirven para corregirme a mí mismo.
La mente del hombre superior conoce la rectitud; la mente del hombre vulgar conoce el provecho.
Tener faltas y no corregirlas, esa es la verdadera falta.
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