El hombre razonable y justo empieza primero por sí mismo: se examina y se considera, se juzga y se condena, y no se perdona allí donde no tiene razón.
El hombre razonable y justo empieza primero por sí mismo: se examina y se considera, se juzga y se condena, y no se perdona allí donde no tiene razón.
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Los hombres somos como pájaros que siempre caen en las mismas redes y aun así no quieren escuchar.
¡Libros, hermanos míos, libros, y no campanas ni cascabeles!
No hay oficio más vergonzoso que el ocio, el no hacer nada y la pereza.