No es quien te insulta o te golpea quien te ultraja, sino tu opinión de que esas cosas son ultrajantes.
No es quien te insulta o te golpea quien te ultraja, sino tu opinión de que esas cosas son ultrajantes.
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No son las cosas las que nos perturban, sino nuestras opiniones sobre las cosas.
No dediques demasiado tiempo al cuerpo; que tu principal cuidado sea la mente.
Cuida lo que se te ha dado como algo que se te ha confiado, no como algo que es tuyo para siempre.
No te llames filósofo; muestra tus principios con tus actos.