No tengo nada que ofrecer salvo sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor.
No tengo nada que ofrecer salvo sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor.
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Esto no es el final. Ni siquiera es el principio del final. Pero es, quizá, el final del principio.
Nunca en el campo de los conflictos humanos tantos debieron tanto a tan pocos.