El viejo lakota sabía que el corazón del hombre, lejos de la naturaleza, se endurece; sabía que la falta de respeto por lo que crece y vive pronto llevaba también a la falta de respeto por los seres humanos.
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Vive con los hombres como si Dios te viera; habla con Dios como si los hombres te oyeran.
Cuanto más tiempo conozco las alegrías de este mundo, menos las aprecio.
Hay en los hombres más cosas dignas de admiración que de desprecio.