Considero cierto que la fortuna es árbitro de la mitad de nuestras acciones, pero que nos deja gobernar la otra mitad, o poco menos.
Considero cierto que la fortuna es árbitro de la mitad de nuestras acciones, pero que nos deja gobernar la otra mitad, o poco menos.
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Quien es causa de que otro se vuelva poderoso labra su propia ruina.
Es mucho más seguro ser temido que amado, cuando hay que prescindir de una de las dos cosas.