Sufrimos más a menudo en la imaginación que en la realidad.
Sufrimos más a menudo en la imaginación que en la realidad.
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Vive con los hombres como si Dios te viera; habla con Dios como si los hombres te oyeran.
No es que tengamos poco tiempo para vivir, sino que perdemos mucho.
Los peligros imaginarios son los más hondos, y los enemigos imaginarios son los más sanguinarios.
Si tu mente se detiene en la espada del adversario, pierdes tu libertad de acción.